
Hay algunos que viven al filo de la navaja, los he visto cortarse las venas con auto-conmiseraciones, cerrar los ojos y aventarse al vacio con las manos abiertas, esperando tocar el suelo. Sienten que el abismo, el bajo fondo, tiene una voz redentora con olor a fruta seca.
Otros adquieren buenos hábitos y omiten ciertos episodios de sus vidas. Se les olvida ese background insoldable o simplemente lo recuerdan como una mala pesadilla de la que ya despertaron.
Pero hay unos que no caben en ningún lugar, son la pieza defectuosa de un viejo rompecabezas. No viven al filo de la navaja, son la navaja misma, los outsiders.
Tan impersonales como un empleado de aparador de una inmensa tienda de conveniencia, un oxxo interminable donde la gente llega y se lleva lo que desea, mientras este nuestro empleado sigue ahí, inamovible como una triste Penélope, esperando un golpe de suerte por parte del destino.
Desean no ser mero espectador. Poder comprar algo, vestirse de cliente por un día, encontrar el poder de ser sujeto, no tan sólo un mero objeto de tránsito entre el cliente y la mercancía. Poseer el poder de la acción. No conformarse con ser consciente de la sabía ley de que dice: “el cliente siempre tiene la razón”, como lo indican las buenas formas del mercado. Escupirle a la máquina registradora...
Algo siniestro, más allá de sus fuerzas: el sistema, el capital, la bolsa, o cualquier otra causa, los coloca del otro lado de aparador, en un inmenso mar de gente que llega y toma lo que quiere. Después de esto se marchan, algunos esperan su cambio, otros simplemente toman las cosas sin volver la vista atrás. Algunos regalan una sonrisa de complicidad, mientras tanto, el empleado se queda ahí, esperando al próximo cliente rodeado de mercancía sin poder poseerla.
Todo tiene su lugar y su precio en los anaqueles, pero este nuestro encargado de aparador es tan sólo un medio, no el fin mismo, bien pudiera ser un androide amorfo sin alma, sin pasado, un simple trámite para obtener lo que se quiere. Es la dicotomía perversa que se gesta cuando se es sujeto y objeto al mismo tiempo.
¿Hasta dónde llegará éste nuestro empleado de aparador? cuando es hombre navaja…
Todo sería tan fácil, si tan sólo una navaja se pudiera cortar a si misma. Y no queda otro camino que seguir sacando filo...