1-2-3 por mí (Porque a veces es bueno tocar base...)

Esos demonios que merodean por mi mente a veces tienen que ser exorcizados y nada mejor que dejarlos volar y que salten a los ojos de los incautos, ¡alabado sea este médium virtual!.Aquí tendrán su bacanal esos entes de mi ser, mi amada diarrea verbal, mi intoxicado moco cerebral y mi nunca bien ponderada catarsis genital. Se los dejo, se los presto, se los regalo. Porque a veces es bueno tocar base...







miércoles, enero 27, 2010

Colapso in vitro...


Sin nociones arquitectónicas y con nulos conocimientos albañilerísticos, me dispuse a construir un mundo, introspectivo y personal, donde todas las teorías del mercado no eran nada más que papel de baño. Asinfonías del retrete . De esta forma fue como me convertí en el enemigo número uno, de las ráfagas flatulenplásticas de lo concreto...

sábado, enero 23, 2010


Astro potente
surcas todas las tierras
alucinante


Café humeante
hierviente y robusto
rompes el frío

Gato durmiente
en el jardín florido
vives de sueños



Palpas el suelo
aterrizaje puro
hoja danzante

martes, agosto 04, 2009

Niña palindromo

Había reparado ciento cincuenta mil veces en esa escena multicolor
trescientos sententa y cuatro segundos anclados en el lunar de tu espalda
Una tristeza de rana calva en primavera se disolvió
como espuma arena
un cantar de nueces frescas me regresó tu mirada

Me encontraba otra vez ante tu piel desnuda
con el recuerdo en el índice que tantas veces había marcado circunferencias en esa mancha marrón de tu piel durazno

¡Y ocurrió el milagro!
ciento cincuenta mil veces otra vez
consumado en la amnesia del sentido

Me gusta darme cuenta que cada vez que te vuelvo a ver
te desconozco para volverte a conocer...

El tedio es la muerte y tú la salida de emergencia

viernes, enero 23, 2009

Ciso el conejo


Era un día que hasta el sol necesitaba lentes obscuros en el Bosque Calibrí. Ahí vivía una gran comunidad de conejos verdes. Después de recolectar zanahorias para alimentarse, todos los conejos se iban a divertir a una feria donde había muchos juegos, otros se iban a sus casas y tomaban un rico jugo de Zanahoria y después se dormían. Todos menos uno, el conejo Ciso.

Ciso era un conejo que dedicaba todo su tiempo a hacer ejercicio para ser un conejo famoso como el del anuncio de las pilas que sale en televisión. Ya sus amigos no pasaban mucho tiempo con él porque siempre decía “no puedo ir con ustedes a la feria, necesito hacer ejercicio”. Las conejas siempre pensaban que era muy guapo, pero nunca salía con ellas porque necesitaba ejercitar su cuerpo.

Un día Fred el conejo, que era su mejor amigo de la infancia, llamó por teléfono a Ciso. Lo invitó a tomar un refresco de zanahoria y platicar un rato. Como siempre Ciso estaba en su casa haciendo ejercicio, levantando unas sandias muy pesadas para tener brazos fuertes y aunque le caía muy bien Fred y tenía ganas de verlo, le faltaba darle treinta vueltas al bosque para tener piernas fuertes. Esa era la razón por la que le dijo que se verían en otra ocasión.

Así pasaron muchos días. Hasta que un día Ciso se encontraba frente al espejo viendo sus verdes músculos, cuando se dio cuenta que no había visto a ningún conejo en mucho tiempo. Se acordó que ese día había una fiesta en el Bosque Calibri, así que se bañó, se perfumó y peinó sus verdes cabellos para asistir. Era la fiesta más importante del Bosque Calibri, se celebraba el día que llegó el primer conejo a ese bosque. Seguramente todo el mundo iba a estar ahí.

La fama de esta fiesta llegó hasta la ciudad donde vivían los humanos y Don Marío, el mejor cazador de la ciudad tuvo un plan: ir a cazar al conejo más grande de esa Fiesta para comérselo.

Ciso estaba contento bailando y cantando en la fiesta. Platicaba con muchos amigos de él que tenía abandonados. Roger el conejo musical le prestó su nuevo ipod a Ciso, Ciso disfrutó mucho subiéndole el volumen al máximo para escuchar las canciones de moda, en eso llegó el cazador echando balazos y todos los conejos huyeron como pudieron. Ciso no sé dio cuenta y seguía bailando al ritmo del ipod. El cazador aprovechó esto y lo atrapó.

Al principio el cazador pensó comérselo, pero después de ver que era muy grande y que parecía un artista como el conejo de la tele, cambio de opinión. Definitivamente ese conejo no era para comerse. Recordó que tenía un amigo científico. Fue a visitarlo y le dijo que quería conservar ese conejo para que estuviera en su sala como un gran trofeo. A lo largo de varios experimentos al fin su amigo el científico logró hacer que el conejo se quedará tieso y como congelado; dijo que a la nueva técnica que descubrió le llamaría disecar.

Ciso nunca pudo estar en la televisión, ni se divirtió mucho en su vida, pero es el primer animal disecado y es el adorno de la bonita sala del cazador. Desde entonces la gente copió esa idea de disecar y nació la costumbre de tener como trofeos a los animales más bonitos.

sábado, noviembre 08, 2008

Outsiders



Hay algunos que viven al filo de la navaja, los he visto cortarse las venas con auto-conmiseraciones, cerrar los ojos y aventarse al vacio con las manos abiertas, esperando tocar el suelo. Sienten que el abismo, el bajo fondo, tiene una voz redentora con olor a fruta seca.
Otros adquieren buenos hábitos y omiten ciertos episodios de sus vidas. Se les olvida ese background insoldable o simplemente lo recuerdan como una mala pesadilla de la que ya despertaron.
Pero hay unos que no caben en ningún lugar, son la pieza defectuosa de un viejo rompecabezas. No viven al filo de la navaja, son la navaja misma, los outsiders.

Tan impersonales como un empleado de aparador de una inmensa tienda de conveniencia, un oxxo interminable donde la gente llega y se lleva lo que desea, mientras este nuestro empleado sigue ahí, inamovible como una triste Penélope, esperando un golpe de suerte por parte del destino.
Desean no ser mero espectador. Poder comprar algo, vestirse de cliente por un día, encontrar el poder de ser sujeto, no tan sólo un mero objeto de tránsito entre el cliente y la mercancía. Poseer el poder de la acción. No conformarse con ser consciente de la sabía ley de que dice: “el cliente siempre tiene la razón”, como lo indican las buenas formas del mercado. Escupirle a la máquina registradora...

Algo siniestro, más allá de sus fuerzas: el sistema, el capital, la bolsa, o cualquier otra causa, los coloca del otro lado de aparador, en un inmenso mar de gente que llega y toma lo que quiere. Después de esto se marchan, algunos esperan su cambio, otros simplemente toman las cosas sin volver la vista atrás. Algunos regalan una sonrisa de complicidad, mientras tanto, el empleado se queda ahí, esperando al próximo cliente rodeado de mercancía sin poder poseerla.
Todo tiene su lugar y su precio en los anaqueles, pero este nuestro encargado de aparador es tan sólo un medio, no el fin mismo, bien pudiera ser un androide amorfo sin alma, sin pasado, un simple trámite para obtener lo que se quiere. Es la dicotomía perversa que se gesta cuando se es sujeto y objeto al mismo tiempo.

¿Hasta dónde llegará éste nuestro empleado de aparador? cuando es hombre navaja…
Todo sería tan fácil, si tan sólo una navaja se pudiera cortar a si misma. Y no queda otro camino que seguir sacando filo...

lunes, agosto 04, 2008

Epístola




Las melódicas composiciones de Tiersen inundan la habitación. Él por su parte como poseído. En un trance al ritmo de "la vals d´ Amélie" escribe una misiva para ella:

No hay que preguntar si te encuentras bien, pues sé que es un hecho, tampoco habría que preguntar si te echo de menos, pues sería una pérdida de tiempo cuando la respuesta es precisa, un sí absoluto.

Sí, siempre me acuerdo de ti y como acto reflejo, como una mecánica perfecta brota una sonrisa de esas que se dibujan en los niños cuando ven al arcoíris.

Eres lo más cercano que estuve a ser parte de lo normal; ya sé vas a decir “ash ya empezaste con tus cosas”, pero no busques cargas simbólicas, no lo digo con una carga negativa, mucho menos coqueteo con la figura del incomprendido, simplemente te recuerdo y el pasado y el futuro se convierten en un continum donde todo es claro.

Fue duro aceptar que para ti siempre seré un amigo, pero es agradable saber que también gané una amiga para toda la vida.

A veces pienso en ir a visitarte, estar una temporada contigo, olvidarme de mí y tratar de sacarte una sonrisa, redescubrir la profundidad que se encarna en tus mejillas y te hizo ser desde un principio la niña de los pozitos . En realidad me gustaría sólo por un día que su principio y su fin tuvieran tu sonrisa.

He vuelto a ciertos hábitos: artistas, poetas y locos en hermandad nos abrazamos en noches que terminan con el primer rayo del sol sin llegar a nada, una y otra vez la fórmula se recrea y da como resultado: mentes indomables y causas perdidas. Pero no te preocupes, en esta carrera todos sabemos que como dice Páez “lo importante no es llegar, lo importante es el camino”.

Se extraña esa pausa en la realidad que sé, siempre me brindó tu compañía, los pequeños detalles que tantas veces se me escaparon y me recordabas con tus actos.

Ten un feliz día y cuando veas una burbuja levitando en el espacio recuerda que al igual que a los niños, a mí también me causan cosquillas en la barriga.

Besos y de vez en cuando escucha a Tiersen.

sábado, julio 05, 2008

compañero de cuarto




Después de un bache emocional (depresión) estuve un tiempo sin escribir, pero he vuelto y aquí les dejo este relato...

Estaba cansado de vivir con él. Despertó. Botellas por todos lados, macilentos cigarros tirados en el piso ¿por qué era tan débil?
Pedro, Pedro, Pedro, siempre lo que dijera Pedro. No sabía como ponerle un alto, marcarle un límite. Esto ya era demasiado ─pensaba Juan.

─La última y nos vamos Juan, no seas puto yo pago. Qué poco aguantas, eres un malagradecido, tantas viejas que hemos compartido. Culón
─ Siempre lo mismo. Él gana…
¿Que no era suficiente trabajar en una empresa de telemarketing, aunque no le gustara para poder subsistir? Y aparte soportar a un drogadicto y vulgar ser, como Pedro, nada más por no saberle decir que no. Eso de ir como el salmón, a contracorriente, lo cansaba.
Lo había dejado todo por estudiar filosofía: la comodidad, el carro del año, una casa limpia con todo el rigor burgués. Su padre le dijo claramente: para esa carrera no cuentas con mi apoyo. Tú vas a ser un empresario como yo, no un huevón que dice que pensar es un trabajo.

Estaba harto de Pedro. De llevar a cuestas a Niesztche con toda su amargura. Hasta de si mismo…
Sabía que era sólo cuestión de darle un alto. Bajar unas cuantas escaleras, veinte para ser exacto y tener fe en la sabiduría popular, por aquello de que el valiente vive hasta que el cobarde quiere.

Se armó de valor, era consciente de que Pedro lo esperaba abajo. Tenía los brazos tensos. Bajó cada escalón y el coraje se incrementa a cada paso. Sus padres vendrían a ver cómo vivía en cualquier momento. Le habían llamado dos días antes. Tenía que demostrar no estar equivocado en su decisión de ser filósofo. No quería sermones, ni escuchar ese taladrarte: te dije que no podrías hijo, te lo dije bien clarito, ve nomás como vives; tienes que llevar las riendas de la empresa familiar hijo, no esas pendejadas de ser filosofo.
Terminó el último escalón y él apareció. Pedro portaba un rostro de asesino, como si supiera que era la hora de ser la victima o el verdugo. Se miraron. Los dos sabían que era momento de romper cristales, de estallar…

Juan no le dio tiempo de nada y se abalanzó contra él. Usó su cabeza para romper el rostro de Pedro. Estalló la sangre y un cuerpo cayó.

Llegaron cansados del viaje. El bocho destartalado de su hijo se encontraba afuera y horas después de tanto tocar la puerta sin respuesta, tomaron la decisión: llamar a la policía. Los oficiales tumbaron la puerta y encontraron a Juan Pedro en un charco de sangre entre cristales rotos.

jueves, abril 17, 2008

Lecturas del Colectivo Barracuda





Viernes 25 de abril (8 p.m)

"Por la Tierra"

Café Tierra Libre
(Entre Matamoros y Mina, Barrio Antiguo)




Domingo 27 de abril

(12:00 a.m)
"Por la Tierra"


Explanada de los 400 Años(Frente al Museo de Historia Mexicana)

miércoles, abril 09, 2008

Emo


A veces me siento atrapado en un relato de Sartre, sin derecho a un final de novela televisa...

viernes, febrero 22, 2008

Betty y Suxy


Gente bonita, me di la libertad de dejarles este relato que fue leído en la lectura del Colectivo Barracuda en el 16mm


Betty y Suxy


Todavía no salía el sol, pero ya había comenzado el ritual de todas las mañanas. La secadora chillaba y la radio cantaba sin parar las rolas de la Hilton. Betty se ponía la minifalda esmeralda que le trajo su hermana de sus últimas vacaciones en París,
- ¡ash! el frío no es inconveniente cuando una se quiere ver bien - pensaba mientras sus piernas torneadas cambiaban de textura victimas del frío, obteniendo la clásica piel de gallina. Las manecillas del reloj seguían corriendo, cuando se dio cuenta ya tenía quince minutos de retraso, ya era casi imposible llegar a tiempo a su clase de las ocho. Salió rápido, tan rápido que no tuvo la delicadeza de cerrar la puerta como lo hacen las señoritas educadas. Después del vértigo propiciado por la aparatosa salida, quedó en la atmósfera el sutil aroma a Be Delicious cortesía de Mike, su novio.

Tras el portazo, Suxy despertó. Tenía los ojos entumidos, se estiro para espantar el sueño. Debido al clima no tenía ganas de hacer mucho. Merodio por la sala de estar. La televisión estaba prendida, como era costumbre a Betty se le había olvidado apagarla. Se acostó en el silloncito rosa, la epidemia del rosa había atacado cada rincón del minimalista decorado del departamento. Dormitó un poco más y entre sueños escuchó la llegada de Panchis, la muchacha que hacía los quehaceres. -¡Esa Suxy!- le dijo Panchis con una gran sonrisa en el rostro. Suxy sólo la volteo a ver y cerró los ojos de nuevo.

Despertó una hora después, Panchis estaba entrando y saliendo para colgar la ropa en el tendedero, mientras Panchis continuaba colgando la ropa suxy salió al patio. Miró cómo el tímido sol trataba de salir, después se quedó contemplando la barda y de sopetón le llegó el impulso de saltarla. Lo hizo. Al estar del otro lado, cambió todo el panorama, así de absurdas son las zonas urbanas en México, atraviesas unos cuantos metros y de una colonia llena de suites de lujo, te trasladas a un arrabal en toda la extensión de la palabra.

Anduvo explorando aquella colonia popular. Pobre Suxy contrastaba terriblemente con esa realidad, ella tan blanca y portando un collar tan brillante. Pero había una razón importante para andar por ahí, esa razón era él. Lo había visto en una ocasión que venía en el coche con Betty. Él con ese toque de misterio y esos ojos tan verdes y grandes, era obvio que era el semental del barrio. Y ella ansiaba ese encuentro salvaje. caminaba pausadamente cuando su instinto le indicó que él se encontraba cerca, se metió en un callejón estrecho y de repente la mirada felina de él la encapsuló…

Betty llegó al departamento acompañada de Rebeca, su amiga de la Universidad. Se encontraba cansada, pues había tenido un día difícil en la escuela.

—¿Y Suxy dónde anda?—Preguntó Rebeca.
―Pues ha de andar de vaga.
— Oye ¿por qué ella siempre huele super bien? ¿Qué perfume usa wey?
—O sea ¡Hello!… tipo que usa el mismo perfume que yo.
— jajajajaja. Bueno y siempre qué onda ¿vamos a ir al antro o equis?
— ¡Ay! la verdad ando mega cansada, ¿mejor mañana no?
—Bueno yo ya me voy wey, porque me tengo que arreglar, bye…

Betty después de despedir a Rebeca se fue a dormir a su cuarto. Antes de conciliar el sueño la despertó el rechinar de la puerta y vio la silueta de Suxy.

—¿Andabas de zorrita verdad? Vente a dormir aquí conmigo, ándale que hace mucho frío.

Suxy se trepó a la cama y como siempre Betty se quedó dormida con su ronronear…


P.D. Las fotos de la lectura del 16 mm serán publicadas después en el blog del Colectivo Barracuda.

P.D.2. Para aquellos que no son de estas latitudes, cualquier duda semántica será aclarada.


domingo, febrero 10, 2008

Reincidente


Dado que se aproxima el día de los enamorados ahí les dejo un cuentito ad-hoc a la fecha, es decir, un cuentito ñoño. Por dicha razón me di la libertad de firmarlo con un pseudónimo.

Lo vio a través de la ventana, Roberto se encontraba sentado en la mesa de siempre con aquel libro verde que no soltaba desde hace un mes. No lo pensó dos veces y entró al café, se aproximó con paso firme y retiró sutilmente el libro de sus manos. Él apenas hizo un rictus y trató de volver a su lectura, ella lo frenó.

― ¿Roberto qué te pasa?

―Nada. Ya te lo dije nunca me pasa nada, así soy. ¿Qué haces por acá?

―Solamente pasé por aquí y te vi. Pero ya en serio dime qué te pasa…
No te das cuenta que ya no eres el mismo. ¿Acaso te hice algo?

Su expresión se tornó melancólica, mientras ella lo miraba perpleja esperando una respuesta.

― Bueno Araceli, calla y solamente escúchame― Roberto habló pausadamente―
No sabes como me gustaba platicar con Leticia. A su lado las horas pasaban sin correr las manecillas del reloj.
Ahora que me encuentro a kilómetros de olvido, me doy cuenta que a ella la conozco desde siempre.
La última vez que estuve con ella, no hubo palabras, el silencio se interpuso entre nosotros y rodó una lágrima por su rostro hasta internarse en su boca. Intenté decir algo, pero las palabras no brotaban. ¡Fue algo desesperante! Me limité a abrazarla, fuertemente…

Nunca pensé que el silencio pudiera ser algo tan incómodo y más si está de por medio una lágrima de alguien que ahora es tan sólo un recuerdo.
No sé dónde estará en este momento o si se encuentra bien y mucho menos sé por qué lloraba. Lo único que sé, es que si pudiera regresar el tiempo y me encontrara en el mismo escenario, con las mismas circunstancias de ese día, le hubiera secado aquella lágrima con un beso y le hubiera dicho que la amaba. Pero por azares del destino ese día me ganó el silencio…

Después de terminar de contar su historia, Roberto la miró fijamente a los ojos y entró en un mutismo absoluto. Ella movió la cabeza de un lado a otro algo desconcertada y se marchó.
Pinto Rosado.
P.D. Les dejo una invitación para la gente bonita de la Sultana del Norte para unas lecturas del Colectivo Barracuda: http://colectivobarracuda.blogspot.com/

miércoles, enero 23, 2008

Taller literario


El álgebra me había generado un tremendo dolor de cabeza, pero era consciente de la desventaja de ver disminuida en grandes proporciones la mesada que me daba mi padre, en caso de volver a reprobar, por lo tanto, hice de tripas corazón y seguí tratando de resolver los problemas de tarea.

Mi madre nunca me regañó por mis malas notas en matemáticas, sabía que yo le echaba ganas, que no era lo mío, sin embargo, no dejaba de preocuparme. Tenía rato sin salir a la calle, salvo para lo necesario. Mi madre como siempre con sus ideas de motivación y de tener una buena actitud para alcanzar el éxito, llegó de la nada al cuarto con una sonrisa de oreja a oreja y trató de motivarme.

— Juan, mijito ¿a qué no sabes qué? — la miré con cierta apatía.

—¡Pues que te inscribí a un taller literario de cuento! Yo sé que te gusta mucho leer y a veces escribes cosas, además, escribes muy bonito. ¡Ah! y pues me enteré de que Hermenegildo Ruvalcaba, que por cierto acaba de publicar una novela buenísima “la bata de la mucama” va dar ese curso y pues te inscribí. Comienza el lunes para que estés listo — hice la mejor sonrisa que me salió, aunque en mi interior seguía frustrado por tanto polinomio que resolver.

Ese lunes fui y conocí ahí a varios intelectuales de café, muy sesudos en su mayoría, también alguna que otra señora de sociedad de esas que andan en los eventos culturales y demás para mantener cierto status, pero que siempre están algo perdidas, con su cara de extraviadas.

Pero el personaje que más me impresionó, fue Ruperto Acosta. Él era neurocirujano y siempre tuvo gran afición por la literatura, así que tenía que darse sus escapaditas del consultorio médico para compartir con nosotros sus textos, aunque algunas veces le llegaban mensajes al viper y tenía que retirarse de urgencia.

La dinámica en dicho taller era la siguiente: Una sesión antes Hermenegildo nos daba un temática como detonante del texto, luego entregábamos una copia de nuestro escrito a los demás miembros y uno de los compañeros por decisión personal lo leía en voz alta, mientras tanto, los demás tomaban anotaciones y dábamos la retroalimentación y por último, se le regresaba el texto a su autor.



En eso de la tallereada conmigo eran muy complacientes. Simplemente era el nene, dieciséis años. Los efectos de mis textos eran risas y recomendaciones, en realidad pienso que no se tomaban muy en serio mis letras por mi extrema juventud. Pero al que sí le llovía gacho era al pobre de Don Ruperto. Eran realmente mordaces con él, al grado de que a veces bostezaban mientras se leía su texto. Por su parte Hermenegildo era muy objetivo y nada más le sugería detalles por corregir.

En la última sesión antes de terminar el curso llegó Don Ruperto con su seriedad de galeno que tanto lo caracterizaba. Todos empezaron a organizarse, yo leí mi texto sin pena ni gloria y a lo mucho me dijeron “Juanito sigue metiendo talleres se ve que tienes madera de escritor”. Don Ruperto pidió que fuera el último en ser leído, justificando que su texto era demasiado corto, por supuesto que no hubo objeción alguna. Cuando tocó el turno de leer el texto de Don Ruperto, yo me presté a ser el lector de su creación:


EL PARAÍSO IMPERFECTO


—Es cierto —dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de lasllamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno—; en elParaíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse alCielo es que allí el cielo no se ve.


Ruperto Acosta


Las críticas fueron devastadoras…

—Me parece Don Ruperto, con el respeto que me merece, que eso de entrada no es un cuento, pareciera más un intento frustrado de juntar la malas ideas del tal Jalil Gibrán y algo del estilo de Hesse; en otras palabras lo que usted ha hecho es una especie de aforismo y usó un narrador intradiegético para darle el estatus de cuento, cosa que no le da ni le quita nada al texto—emitió Rodrigo acomodándose los lentes negros de pasta, con cierto tonito de intelectual de café. Él era el experto del grupo en cuestiones de taller y tenía algunas publicaciones en revistas locales.

La señora Florinda la cual nunca aportaba gran cosa, salvo sus clásicos “¡que bonito está!” y cosas que no dan gran idea de si uno hace o no bien las cosas, no comentó nada del texto.

—Pues yo opino igual que Rodrigo, aunque me parece que la idea es buena… pero ciertamente no dice nada nuevo… además está muy fálico su texto — Dijo Lupe que era una chica que estudiaba psicología y en todos sus textos hacía alusión a Freud—

Don Ruperto tomaba notas y rayaba su texto. Yo le comenté que en lo personal no era muy dado a dar comentarios, pero que tomaría en cuenta eso de leer a Gibrán y Hesse porque se me hacía interesante.

El profesor Hermenegildo nada más estaba serio como de costumbre y mirando su reloj, simplemente sonrió y dio unos anuncios de próximos cursos.

Cinco minutos antes de terminar esa última sesión Don Ruperto se paró y pidió sus textos, se los entregamos y antes de llegar a la puerta, los hizo bolita y los tiro al bote de basura. Y dijo unas palabras antes de partir.

—Bueno compañeros de ustedes he aprendido bastante sobre las letras y quiero agradecerles y decir otra cosita: por cierto nunca pensé que saliera nada bueno del tal premio Príncipe de Asturias de literatura…

Casi nadie le prestó atención al comentario, pero Hermenegildo le guiñó el ojo con cierto aire de complicidad. Todos comenzaron a despedirse e intercambiar direcciones y todas esas cosas que suceden cuando se acaba algún curso, después de que se habían retirado casi todos, fui a recoger el papel donde venía el texto del señor Don Ruperto y me encontré que donde tenía su firma estaba tachado y abajo escribió: Augusto Monterroso.

miércoles, enero 16, 2008

Memorias de un Grinch


Para aquellos que todavía no han dejado morir al espíritu de la navidad aquí les va este texto post-navideño.

Él ya no creía en la navidad, pero sí en los milagros…

Una vez, otra y una vez más se hacía navidad y así hasta el infinito, sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Aparecían en las casas los pinos repletos de sus coloridas luces, gastos innecesarios a mí parecer daltónico.

Me encontraba como siempre con el gasto pendiente. Los números rojos en mi cuenta bancaria, aunque para ser sincero me daban igual, bien pudieron ser dorados o hasta fosforescentes, pero eso que importaba para mí (claro está, en el sentido cromático de la situación).

Ja que afán de querer matizar las cosas con colores. Sí estar morado del coraje o rojo de la vergüenza era la misma cosa con gestos diferentes. ¡Qué carajos me importaba la sintonía del color! , me resultaba todavía más absurda la blanca navidad.

Esa tarde preferí visitar a la familia que soportar las muy trilladas comparaciones con el grinch que me harían por vía telefónica para ir a pasar las fiestas con ellos. Así que hice acto de presencia en la casa de mi madre.

Ahí me encontré con los múltiples familiares que pueden generarse en un hogar sin televisor, es decir, creo que mis padres no tenían mejor cosa que hacer que procrear, en un tiempo donde los condones no eran ni un prototipo de planeación familiar.

Después de estar comiendo como cerdos y bebiendo cual si fueran hordas nómadas de los más áridos desiertos, terminaron con las bebidas alcohólicas que servían para catalizar el espíritu de las fechas decembrinas. Por mi parte, me aburría hasta el cansancio, algo tenía que hacer con tal de no seguir viendo la felicidad concentrada en un espacio tan pequeño, lleno de chiquillos gritones que me llenaba de nauseas; Pero ahí me encontraba en el papel del tío solteron que tenía un nulo sentimiento celebracional de dicha fecha, en esas estaba cuando fui enviado a la licorería por más bebida para mis interminables parientes.

Por suerte descubrí que en la tónica de las navidades las bendiciones o maldiciones
vienen de tres en tres, así como los anodinos reyes magos.

Esa noche de cánticos y alegría se le ocurrió a algún simpático celebrar con un balazo al cielo por cada rey mago, como siempre la ley de la gravedad con su insuperable formula hizo caer del cielo las alegres balas y fueron a caer precisamente en un coche que venía como alma que se la lleva el diablo. Y sucedió el milagro, el coche se estrelló a media cuadra de donde me encontraba, no había nadie en la calle, me imagino que la gente se encontraba celebrando en sus acogedoras casas. Así que me aproximé al siniestro y salió una señorita un tanto confundida por las contusiones. Me comentó que al parecer el conductor estaba gravemente herido. Fui a echar un vistazo y en efecto, con la cabeza hecha añicos. Comenzó a lloriquear diciendo “nada más esto faltaba. Ahora cómo entregáremos el dinero que fuimos a cambiar de la colecta anual para niños de la calle”.

Como todo un caballero de esos que ya no existen me ofrecí a ayudarle. Abrimos la puerta trasera y ahí tenía unos maletines con dinero en efectivo, ella estaba tan asustada que no se había dado cuenta que sangraba de la frente. Y para no perder la línea de mis cavilaciones, por aquello que los milagros y desgracias vienen de tres en tres, le propine tres golpes con el maletín dejándola inconsciente. Camine unas cuantas cuadras "con mi regalo navideño" hasta llegar a mi destartalado coche y emprendí el viaje a casa. En el camino encendí la radio , abrí una de las botellas que eran para mis parientes y me dispuse a cantar rebosante de alegría “Noche de paz, noche de amor.Todo duerme en derredor.Entre los astros que esparcen su luz…” Y así me fui con una gran sonrisa en el rostro y en mi pensamiento brotó la idea de que al final de cuentas es agradable la dichosa navidad…

viernes, enero 11, 2008

Mis pantalones ya no están rotos


Después de soltar el auricular con el poder matemático del acento, en sutil mezcla de melancolía por haber dejado el pueblo se aglutinaron los recuerdos. La rienda quedó suelta y como pequeñas canicas en empinada vereda comenzaron a desbordarse las imágenes.

Ellos, yo, nosotros. Jóvenes casi pubertos, una noche como muchas que cursaron en esos días de pelos parados y pantalones rotos. El lugar: el patio de la casa de la niña trompa de trailero y corazón de tigre, la noche tan de pueblo estrellada y titilante. Poco que hacer, la vieja grabadora lloriqueaba, y se daban lugar grandes y pequeñas bandas, nosotros entre cigarro y cigarro y una que otra caguama, en círculo a raz de suelo, donde se vivía el ritualismo de pasar el alcohol (un charquito) , claro no faltaban las disertaciones musicales, nunca se presentaron las melódicas. Así transcurría la noche y se iban hilvanando discursos cada vez menos aterrizados.

¡Mugrero de Pueblo no hay nada que hacer! Pásame otra caguama. Güey ya escuchamos tres veces a los héroes, siguen los caifanes. Bueno, pero que sea el de diablito. Chale, mira ya llegó el pinche enano, nada más falta que salga con sus banditas de punk “underground”. Pues nomás con que no salgan con sus mamadas de punk malvibroso de soy malo y n-o m-e b-a-ñ-o , ya saben que me caga la polla records. ¿Quién se va lanzar al expendio por las próximas caguamas?

Estábamos reunidos y ajenos a la idea que en algún momento fuimos personajes paridos en alguna novela de generación de la onda que nunca se publicó. Pero nosotros hacíamos lo nuestro. Dudo que vuelvan esas noches de discernir caguamero, a lo sumo de vez en vez surgirá una sonrisa al encontrar en el cajón viejo, un tape con letras gastadas estilo tageresco, esos tapes donde guardábamos lo que nos movía el corazón en medio de alaridos y la estridencia proveniente de los torpes rasguños a la lira de los sueños rotos.

Escapar de la monotonía, era la meta, con la ventaja de tener el estómago lleno y una cama caliente donde dormir. Ahora todo tilda como mero recuerdo de orejas perforadas, peinados extravagantes, el tramo nuevo, de vil bosquejo de barbas.
De esto hace mucho, pero siempre seré consciente de lo hermoso que fue ser un rockero en pueblo de vaqueros.
Pic: primera foto del tatuaje de pablito cuando era darketo.

viernes, diciembre 28, 2007

Yo ya no sé pintar...




Últimamente traigo esa sensación de gaznate agarrado, de pesadumbre insustancial. Algo similar a esos sentimientos líquidos de lágrima-moco-baba concatenados en trinidad absoluta. Todo empezó por tratar de corromper el orden de mi forma de aflorar lo que me aflige, que de años a la fecha ha sido por medio de caracteres. Así de la nada, sentí que no cumplían su labor reivindicadora, sanativa. Y haciendo alusión a reminiscencias sobre la libertad y por consejo de una entrañable mujer que conoce mi psique ( a veces mejor que yo mismo) me incitó a volver a mi esencia de las primeras muestras de acto creativo. Esos actos de creación que sólo se viven sin conocer el concepto del arte y sus limites; en aquellos días primigenios, cuando se es niño y simplemente uno actúa.


De niño yo pintaba, sin saber de estructuras que inexorablemente llegarían a truncar la rienda suelta de mi imaginación. Pintaba el mero movimiento del ser, como un acto de magia que surgía de la nada, tan maravilloso como el hacer aparecer a los blancos conejos que eran sacados del negro sombrero del ilusionista. Y ahí era donde aunque el papel me mostrará el estatismo de las cosas, todo era anulado por el milagro de la imagen que salía de mí hacia el exterior, bajo ese ritual surgieron muñecos por doquier, corriendo libres por el papel, por las paredes, por donde la crayola dictaminara. Mis manos simple vehículo y después mis ojos hacían la labor de reconocerlos, descubrir que muchas cosas de este mundo estuvieron dentro para después aparecer fuera.


Así estuvieron rondando la amplia gama de muñecos, que a los ojos de mi madre parecían representaciones de un inconsciente colectivo, rupestres imágenes que se acunaban en mis primeras visiones del mundo. Así fui dándole vida a muchos pequeños entes que merodeaban por cualquier superficie donde dejará huella alguna crayola, hasta que me enseñaron de formas de trazos, de fondo. La tragedia se presentó al aprender sobre lo figurativo. Una voz me empezaba a decir que en realidad no tenían sentido aquellos dibujillos y dejé de pintar para mí y comenzó la ardua tarea de darle gusto al otro. El antagonista de esta historia fue la busqueda del reconocimiento “Que bonito pinta el niño”, "oye y si lo metes a ese concurso de la Tv el niño y la mar". Después llegué a agradarle a los demás por medio de las imágenes que ya no eran mías, “a ver dibújame un Garfield” y así fui creando desde afuera pero sin médula, hasta que un día llegó otro que le gustaba dibujar y supo mejor que yo reflejar a las caricaturas del momento y se esfumaron las ganas de pintar, ya no tenía caso.


Y ahora lo intenté, dibujar como en aquellos años. Estaba frente al papel, la hoja en blanco continuó blanca y lo que sí salió fueron estás líneas. Tal vez desaprendí a dibujar pero las letras, han llegado a llenar ese vacio de niñez. A lo mejor no soy escritor nato, pero eso sí, el acto de la escritura en cierto modo me da un respiro, permite alejar de mi los fantasmas que me siguen por doquier en el trajín de mis días y por convicción propia he decidido dejarme cobijar por ellas, porque es la única manera que encuentro para poder sacudir esa pesadumbre que a veces llega, como llega la lluvia en un tarde sin paraguas.

jueves, octubre 25, 2007

Pulquería "El payaso"




Me di cuenta que tenía un problema, cuando entré a la pulquería y me ofrecieron un corte de cabello.
*Pulquería:
f. Méx. Tienda donde se vende pulque. Bebida alcohólica, blanca y espesa, del altiplano de México, que se obtiene haciendo fermentar el aguamiel o jugo extraído del maguey con el acocote.

sábado, septiembre 01, 2007

¿Qué pasó mi alfa? ¿Qué pasó mi beta?


¿Qué pasa cuándo las palabras ya no dicen nada?
Hoy no sé, y solamente hoy no sé, tal vez mañana o quizas nunca. ¿Escribo o siento o en el sentido inverso siento y escribo o es la mera sincronía en acto?
La cuestión no esta en que pueda controlar, mesurar o ni si quiera contener lo que siento, cuando siento que siento. No me puedo aventurar a decir a ciencia cierta que tengo la seguridad de que las palabras y la escritura tienen una relación a priori y mucho menos a posteriori.

Es una cuestión que tú y sólo tú me puedes responder...

Esperando la respuesta, déspues de tirar la botella al mar desde mi absurda isla de la mala hortográfia, en la que espero la inútil utopía de la retroalimentación...

¿Quién da más, quién da menos? ¿quién da algo?

Tal vez yo amé a quien no me amó o amé por conjugar el verbo.El caso es que amé más allá de la metafísica del lenguaje, acto reflejo se dispararon mis desorbitados ojos hacia la nada y como respuesta inmediata quedaron saltones, esos ojos que alguna vez fueron míos, esos que alguna vez brillaron como los del poeta cuando de amor se trataba, cuando de letras de verdad, esas que se escriben con tinta sangre...

Pero así debía de ser. Si algo nos marca en la vida, proviene de los primeros años, en los pequeños pseudos pasos. Ahí cuando el gatear se convertía en la gran hazaña. Son esas las primeras verdades que nos enseñan a vivir, como el reconocer que la sopa de letras me quitaba el hambre y hoy a mis veinticinco y el reloj marca las cuatro a eme . Hoy, cuando las comidas de mi casa no son menos gratas que el jugoso bistec del siete y en éste presente en que la langosta está presta en la mesa con todo y canapés y hasta el vino tinto.Muriendo me encuetro por comer, o nadar o por lo menos dormirtar entre las letras.
En éste preciso momento, recuerdo como nostálgico tanguero al que argentina ya no le dice nada. Sí, hoy es cuando rememoro que cuando niño era más sabio. Eran esos tiempos cuando en vez de decir galletitas decía titititas, aquellos instantes que casi se borraron por el cursar del tiempo. Hoy lo sé, que en mi pañaludo pasado conocía en mis adentros, el poder de las palabras...

Cuándo perdí la fe en ti alfabeto de mi vida...

miércoles, agosto 08, 2007

Entre beatniks nos vimos


En la fiel sintonía de la orfandad entre las alcantarillas y las letrinas, me di cuenta que la generación beat me marcó en mis lecturas juveniles.
En esos tiempos cuando mi cerebro era como una esponja, cuando me sentía tan on the road, con mi mochila al hombro.

Mis letras desalineadas en un cuaderno deshilachado, tratando de escribir en una época donde la tinta ha quedado endeble frente a los mass media.
El perfecto acto suicida. El de la escritura, en un país de no lectores, como el nuestro.

Siempre con ese ánimo lastimoso del anti-héroe, tratando de salvar lo insalvable.
¡salvemos a las letras gritaba el chiquillo de cabellos parados y pantalones rotos!
Otra constante era el cigarrillo en mano, sin dejar de lado la pose, como para no olvidar el exorcismo de los clichés.

Así parí la automática escritura un martes por la mañana cuando el frío calaba en mis huesitos de parca triste…

P.D. Lilían te debo una tareilla, el siguiente post es a tu salud.